domingo, 7 de agosto de 2011

Pasa a la vuelta de cada esquina...

En una de esas salidas de ultimo minuto me entere de la mierda de persona, no existe otra palabra para describirlos, que eran. Cuando dijo “estuvo con mi mejor amiga” solo se me ocurrió preguntar “¿antes?”, ahí lo supe, su cara me lo dijo todo, “antes y durante, iba a casa a refregármelo en la cara, se lo apretaba adelante mío y yo los perdone todas las veces”.
Silencio sepulcral.
Explote.
“Antes esta bien, ¿pero durante? Déjate de joder”.
La perdona, juraba que no volvería a pasar, y pasaba. Y así iban, consumiéndose de a poquito.
Las conversaciones que siguieron a esa noticia fueron todas en contra de ella, pero… ¿Y el? El es una mierda, una lacra, una mugre que no merece el perdón de nadie, y sin embrago ella lo perdono. Sin embargo, ella lo sigue amando, lo sigue queriendo como a nadie.
Y el no lo merece, no merece la pena, las lagrimas, el perdón, nada… y ella mucho menos.
Ahí aprendí la diferencia entre una amiga de verdad y una zorra que se las da de amiga. También aprendí que la capacidad de perdonar de una persona puede ser infinita. Aprendí que “ojos que no ven, ¿corazón contento?”. Aprendí la clase de mierda que puede llegar a ser una persona. Aprendí que los amigos se cuentan con los dedos de una mano y que nunca terminas de conocer a una persona. Aprendí que lo que pasa una vez puede pasar dos, incluso tres veces. Aprendí que la tercera no es la vencida y que la confianza se pierde en menos tiempo de lo que cuesta construirla. Aprendí que solo podes confiar en vos mismo. Aprendí que al cielo no se llega nunca de a dos. Aprendí que no todo el mundo merece una segunda oportunidad y que aquel que la merece la mayoría de las veces la desperdicia.
Basto escuchar esa historia para aprender que nunca nadie es lo que parece y que las primeras impresiones son las más erradas.

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