La noche cayó y todo se volvió oscuro, como tu corazón.
¿Qué si todavía te quiero? Probablemente, pero no como antes. Apareció Él y ¿Sabes que? Un rayito de sol no le hace mal a nadie.
Nunca me voy a olvidar de vos, ni aunque pierda la memoria, pero acá estoy, soñando inútilmente con terminar, de una vez y para siempre. Obligándome a despedirme.
Te voy a contar algo que no muchos saben, sentite afortunado por eso. Yo soy una de esas personas que tiene que darse muchas veces la cabeza contra la pared para entender las cosas, una de esas que no importa cuanto lastimes, lo mucho que duela, va a seguir ahí, no importa que. Una de esas que se va a tropezar mil veces con la misma piedra, que va a terminar muy lastimada, pero al final va aprender la lección, de una u otra forma.
Si me tengo que equivocar con vos otra vez, no hay nada que pueda impedirlo. Aprendí eso la segunda vez que volviste.
Ya que estamos confesándonos, bueno ya que YO me estoy confesando, te cuento otra cosa. De a ratos te odio, odio la manera esa que tenes de ver fantasmas donde no los hay, de buscarle a quinta pata al gato siempre, ni siquiera en los escasos momentos en que estamos bien sos capaz de frenar ese cosa que tenes para arruinarlo todo con tus inseguridades. Pero no estoy acá para volver a reabrir el capitulo, así que vamos a lo nuestro.
Quiero que te vallas, de esta casa y de mi vida antes de que llegue la mañana y yo pueda arrepentirme de mi decisión.
Solo ándate, por favor. Ya lo has hecho mas veces de las que puedo contar.
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