Si nunca fueron felices, fue porque jamas lo pretendieron. Porque saber que tenían fecha de caducidad, era mas fuerte que las pretensiones.
El solo quería un lugar donde caerse muerto y ella quería una historia sin principio ni fin, de esas que se ven por ahí. Fue un verano de esos que archivarías en la carpeta “no abrir jamás”. El tuvo que dejar de pretender que le importaba y ella tuvo que aceptar ver su cara sin la mascara. Fueron tres meses de lo más olvidables. Ella volvió a la ciudad por una dosis de realidad y el se quedo ahí, a buscar otra princesa que engatusar. Todas las chicas del lugar daban su vida por robarle el corazón, y el a la primera complicación salia corriendo. Por eso era ella quien se ponía los problemas al hombro y los resolvía por su cuenta. Un día le toco a ella salir corriendo, escaparse, desaparecer. Y lo hizo por mucho tiempo. Y el de pronto un día se canso de amores fugaces y se dedico a extrañarla, como no lo había hecho nunca. Ella nunca vio nada de diferente en ninguna de las chicas que desfilaban cada día por el sendero que conducía a su casa. Sabia exactamente lo que dirían antes de que abrieran su boca demasiado llena de lipstick. El no se cansaba de tildarla de celosa. Pero ambos sabían que al final el pasaría de ellas y volverían a empezar. Siempre se acordara del día en que ella escapo. Del día en todo se oscureció, nunca tanto como su pasado.
Salio a buscarla un día, cansado de esperarla. Y se encontró con que su mundo había cambiado. Y nunca sería capaz de recuperarla, sin saber que había algo que los estaba uniendo desde el momento en que ella escapo, la razón por la que se fue, la razón por la que años después lo buscaría, y hablo de lasos mucho mas fuertes que los de cualquier amor.
Ambos sabían que su historia era una de esas que se cuentan en los cuentos cortos. En los de no-escritores como yo, que solo buscan mantener la cordura.
El solo quería un lugar donde caerse muerto y ella quería una historia sin principio ni fin, de esas que se ven por ahí. Fue un verano de esos que archivarías en la carpeta “no abrir jamás”. El tuvo que dejar de pretender que le importaba y ella tuvo que aceptar ver su cara sin la mascara. Fueron tres meses de lo más olvidables. Ella volvió a la ciudad por una dosis de realidad y el se quedo ahí, a buscar otra princesa que engatusar. Todas las chicas del lugar daban su vida por robarle el corazón, y el a la primera complicación salia corriendo. Por eso era ella quien se ponía los problemas al hombro y los resolvía por su cuenta. Un día le toco a ella salir corriendo, escaparse, desaparecer. Y lo hizo por mucho tiempo. Y el de pronto un día se canso de amores fugaces y se dedico a extrañarla, como no lo había hecho nunca. Ella nunca vio nada de diferente en ninguna de las chicas que desfilaban cada día por el sendero que conducía a su casa. Sabia exactamente lo que dirían antes de que abrieran su boca demasiado llena de lipstick. El no se cansaba de tildarla de celosa. Pero ambos sabían que al final el pasaría de ellas y volverían a empezar. Siempre se acordara del día en que ella escapo. Del día en todo se oscureció, nunca tanto como su pasado.
Salio a buscarla un día, cansado de esperarla. Y se encontró con que su mundo había cambiado. Y nunca sería capaz de recuperarla, sin saber que había algo que los estaba uniendo desde el momento en que ella escapo, la razón por la que se fue, la razón por la que años después lo buscaría, y hablo de lasos mucho mas fuertes que los de cualquier amor.
Ambos sabían que su historia era una de esas que se cuentan en los cuentos cortos. En los de no-escritores como yo, que solo buscan mantener la cordura.
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