miércoles, 1 de febrero de 2012

Jugadores somos todos. (...)XVIII


-Se supone que este es momento en el que me arrepiento de no haberte hablado, ¿no es así?
-Algo así.
-¿Como que “algo así”?
-Claro, ¿es que no lo entiendes? Si me hubieras hablado perderías tu tiempo arreglándote y extrañándome todos los días para que al final yo no apareciera. En cambio como no lo hiciste te habrás ahorrado muchos días de sufrimiento.
-¿Y como sería eso? ¿Como podría extrañarte menos? Aunque no te conociera sería la misma clase de sentimiento.
-En eso te equivocas, es inútil extrañar algo a lo que ni siquiera puedes ponerle un nombre.
-Siempre me he jactado de ser una inútil, deberías reconsiderarlo. Nunca me ha gustado etiquetar a la gente. O a las cosas, no se me da bien.
-De todas formas no te diré mi nombre.
-Entonces nunca sabrás porque te he buscado.
-Por la misma razón que todas las otras, por un poco de diversión.
-Ya tendrías que haberte dado cuenta que no estoy ni un poquito cerca de ser como las otras.
-¿Porque entonces? En lo que a mi respecta, todas son iguales.
-¿Acaso tu has estado con todas? Es inútil decirlo, como que yo diga que todos ustedes son iguales.
-No, pero casi. ¿Acaso tu si?
-No, pero con unos pocos ha bastado para deducirlo. ¿Ya no es tan divertido esto de conquistarme? Deberías darte cuenta de que te he ganado en tu propio juego.



Tendrías que dejar de jugar con alguien que juega mejor que tu.

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