El teléfono le quemaba en el bolsillo. ¿Por qué no llamaba?
La habían pasado bien, el dijo que la llamaría al día siguiente. ¿Qué estaba esperando? Ya no sabia que hacer, no sabia con que entretenerse, hasta que se le ocurrió que, talvez, ella podía llamarlo. Total, en este siglo, las mujeres eran las que tomaban la iniciativa, al menos se consoló con eso. Marco, primer tono, segundo…contesta.
“Hola”… se quedo muda, ¿Qué se suponía que le iba a decir? Algo como “hola, soy la chica que te tiraste ayer, como no me llamaste, pensé llamarte yo”, si como si fuera tan fácil. Después se acordó que el tenia identificador, seguro que la llamaría para preguntarle porque llamo, tenía que pensar algo urgente. Pi, Pi, sonó el teléfono, era el, respiro hondo y atendió lo mas serena que pudo. “Hola”, “hola, acabaste de llamarme”, “ah, perdón por eso, toque todo sin querer”, “no, esta bien, de todas formas estaba por llamarte...” se escucha un timbre de fondo, “debo irme ángel, mi novia a llegado, cuídate”. Espera, espera…, pausa, retrocede, ¿acababa de llamarla ángel? Y después menciono que tenía novia. ¿Qué clase de hombre te llama ángel y después te dice que tiene novia? Tendría que resolver eso.
Lo encontró en la playa, con su guitarra al hombro, le gustaba verlo así, tan vulnerable. En el momento que lo vio, todo el enojo se fue por la borda, se odiaba tanto por amarlo tanto.
Se entero que había dejado a su novia, por ella, y le pidió perdón por necesitarla tanto, por no poder vivir sin ella, y ella…bueno, ella, naturalmente, sucumbió ante el. Después de un par de canciones, no había nada que un par de besos no pudieran remendar.
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